Capítulo 1. Hermanas de sangre (III)

Una noche, Helena fue raptada por un elfo oscuro mientras el resto del clan dormían apacibles. Padre enloqueció al descubrir que no estaba a su lado y comenzó una batida por todos los rincones de Eria. Entonces, cuando creyó haberla perdido para siempre, Helena apareció a lomos de una enorme bestia recubierta de escamas negras como el azabache y rodeando con sendos brazos el torso desnudo de un corpulento varón drow. No había gesto de dolor ni tristeza, y eso fue lo que más hirió el corazón y el orgullo de Padre.

El Caballero de oscura tez la ayudó a descender del dragón y tras una reverencia, a la que la elfa respondió con condescendencia, desapareció en el cielo.
Nadie sabia qué había ocurrido pero Helena no era la misma. Poco después comenzaron las evidencias: una nueva criatura llegaría pronto…

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Capítulo 1. Hermanas de sangre (II)

Mi nombre es Freya Eleth. Hija de elfa y humano, nací en el seno de una familia poderosa de Eria. Como el resto de nuestro linaje Irundil, fui fruto del amor entre humanos y elfos y mi existencia marcó el inicio de una nueva Era. No me tachéis de pretenciosa. Os contaré la historia para que comprendáis el por qué de esta arrogante afirmación. ¿Qué os viene a la cabeza si os hablo de Doriath y Helena? Seguro alguna vez escuchasteis alguna de las canciones que fueron escritas sobre ellos. ¿No? aguardad, seguramente no lo recordéis en estos momentos pero seguro haréis memoria con esta historia y en caso contrario os voy a contar una bonita historia de amor que, como la gran mayoría, acabó en tragedia. Quizá lo trágico de este relato es lo que ha hecho que el recuerdo de este romance haya sobrevivido al paso del tiempo.

Mi memoria no alcanza a recordar con exactitud  pues los años me han hecho olvidar los detalles de aquel precioso relato que la Gran Madre contaba una y otra vez y sobre la que tantos han escrito más allá de las Tierras Élficas.

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Capítulo 1: Hermanas de sangre (I)

LUZ Y OCASO por Freya Eleth

“…. Hläre meldo Hên i lairë or pella venya ëlen oialle,
Isil ar elenëa na menel mar,
nan nar mine nän mer Firya an Mayar.

Esselya Hëlena, yende elda an Atan…..”

Cada vez que recuerdo estas palabras el pasado se torna presente; mi pasado, el de la familia Irundil, en un presente que ni tan siquiera contempla la posibilidad de su existencia. Quién lo iba a decir por aquel entonces.

Estos versos en mi lengua natal, -que ya pocos pueden entender sin recurrir a los escritos-, no son más que la oratoria de la joven sylvain  que me susurraba en un burdo intento de calmarme en aquella fría noche de invierno ¿Preludio de lo que estaba a punto de suceder?. Seguir leyendo “Capítulo 1: Hermanas de sangre (I)”

Prólogo: La memoria de Freya

La joven Helenna miró el tomo que sujetaba entre sus manos. –Vamos pequeña, no tengas miedo. No muerde-. Reía el drow mientras observaba a la joven elfa con cierta simpatía. –Vuestra madre lo dejó a buen recaudo para que algún día llegara hasta vosotros. Aunque, pensándolo mejor… quizá erre al pensar que deberías ser tú quien debería entregárselo en lugar de a Danniel-

No!- Respondió vehementemente la muchacha mientras deslizaba sus finos dedos sobre las antiguas y rústicas tapas de aquel diario, tratando de encontrar el valor que le faltaba para abrirlo. 

-Y si…-. Titubeó levantando la cabeza para mirar a su tutor en quien ansiaba percibir ese gesto definitivo que le instara a abrir las tapas de aquel tomo.

-¿Qué temes tanto Helenna? Te creía lo suficientemente madura-. Haciendo un nuevo amago para quitarle el libro, se acercó hasta ella para darle el último empujón que le faltaba.

-¡No! ¡No!-. Abrazó el diario atesorándolo contra su pecho y de inmediato una sonrisa socarrona se dibujó en el rostro del drow. -¿A qué esperas?-. Helenna asintió forzada tratando de autoconvencerse. Clavó los ojos durante unos instantes sobre la cubierta y acto seguido continuó deslizando los dedos sobre la misma buscando la primera página escrita. No tenía la menor duda de lo que tenía entre sus manos, ese viejo tomo relataba las memorias y vivencias de su madre, y ese era el motivo que le había llevado a regresar a casa de Voldor. No había razón para echarse atrás. Ansiaba conocer más sobre la mujer que le había dado la vida y a la que su memoria perseveraba en dejar en el olvido a medida iba dejando atrás la infancia… Inspiró con fuerza y tras escuchar un leve portazo se sumió de lleno en la lectura. El silencio invadió la estancia.